A media lumbre reúne un conjunto de obras que dialogan con técnicas y saberes históricamente relegados al ámbito de las llamadas artes menores, como cerámica, barro, lana, textiles, esparto y otras fibras naturales. A estas se suman también los sonidos y los silencios; la voz como herramienta de transmisión, reivindicando la tradición oral como vehículo de memoria, al igual que en los antiguos filandones, aquellas reuniones nocturnas alrededor del fuego donde se entrelazaban el trabajo manual y el relato compartido.
La exposición se erige como un canto al buen vivir y a la soberanía del tiempo, una invitación a detenerse, a respirar y a escuchar el murmullo de la materia. La selección de obras parte de una premisa común: integrar es-tas materialidades implica preservar saberes ancestrales, rescatar narrativas relegadas y activar otros modos de conocimiento. En ese espacio liminal confluyen patrimonio material e inmaterial, técnica y afecto, gesto y relato. La exposición permanece prendida a media lumbre, al ritmo pausado de los procesos manuales y de las herencias compartidas.
A media lumbre es un proyecto coral que se despliega en varios territorios —Valencia, Mallorca, Aragón y Cataluña— a través de cuatro exposiciones autónomas que se aúnan en un mismo marco conceptual. Nace en un gran museo urbano, el IVAM, y se expande entre lo urbano y lo rural en Mallorca, en el Casal Solleric, Es Baluard Museu y Sa Refinadora. Posteriormente, se reencuentra con la tierra y el paisaje en los museos CDAN (Huesca) y Museu Terra (L’Espluga de Francolí). Este recorrido traza una cartografía que articula un diálogo constante entre lo rural y lo urbano, entre la tradición y la experimentación, entre el hacer manual y la reflexión crítica. La producción se ha realizado implementando pautas de sostenibilidad que priorizan materia-les naturales y no contaminantes, reutilización de elementos y eliminación de transportes internacionales, entre otras medidas.
Cada sede activa el proyecto desde su propio contexto, generando resonancias específicas sin perder la coherencia del conjunto. A través de las piezas nos aproximamos a epistemologías no hegemónicas vinculadas a los territorios como la artesanía, los oficios, las prácticas campesinas, los modos de vida ligados a la tierra y al agua. Salvaguardar estos conocimientos no supone únicamente conservar técnicas, sino también proteger un patrimonio vivo compuesto por memorias, relatos orales y saberes populares.
